El Real Madrid defiende a ultranza la calidad de su tridente ofensivo, pero la paciencia empieza a agotarse respecto a su implicación en las tareas menos brillantes del juego.
Mientras Mbappé, Vinícius y Bellingham generan ingresos récord y lideran los rankings de valor, su aporte en la presión y el repliegue ha sido cuestionado incluso por el propio cuerpo técnico saliente. La directiva entiende que el talento es innegociable, pero advierte que nadie es intocable si no se recupera el sentido de equipo y la intensidad necesaria para ganar la Champions.
El próximo líder del banquillo tendrá la difícil misión de convencer a estos futbolistas de que su prestigio individual depende del éxito colectivo. La fragilidad defensiva, agravada por el historial médico de piezas clave en la zaga, obliga a que el bloque trabaje de forma mucho más solidaria. No se trata solo de marcar goles, sino de evitar que el equipo se parta en dos, una situación que ha condenado los últimos proyectos y que el madridismo no está dispuesto a tolerar por más tiempo en una plantilla de este calibre.
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