El empate en Madrid ha vuelto a poner al VAR en el centro de la diana, con críticas demoledoras que cuestionan su esencia misma.
Steve McManaman no escondió su desprecio por la tecnología, afirmando que «arruina el juego» cada vez que interviene en jugadas grises. La prensa inglesa lamenta que un partido que calificaron como «salvaje, intenso y ruidoso» se viera empañado por las interrupciones constantes y la falta de criterios unificados. La queja principal radica en que el VAR se ha involucrado en exceso, alejándose del objetivo original de corregir únicamente errores flagrantes para pasar a arbitrar mediante el análisis microscópico de cada contacto.
Martin Keown insistió en que el protocolo se está ignorando, permitiendo que las revisiones se conviertan en escenas de drama mediadas por la presión ambiental. El sentimiento generalizado en las islas es de impotencia ante lo que consideran un arbitraje que se rinde al equipo local bajo el pretexto de la tecnología. Con el partido de vuelta en el horizonte, el debate sobre si el VAR ayuda o perjudica a la fluidez del fútbol europeo está más vivo que nunca, dejando al Arsenal con la sensación amarga de haber competido contra once jugadores y un sistema técnico que, esta vez, cayó del lado rojiblanco.
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