El club debe decidir entre invertir 25 millones anuales por el inglés o apostar por un talento emergente.
Marcus Rashford sigue siendo el nombre propio que genera debate en la comisión deportiva del FC Barcelona respecto al refuerzo del extremo izquierdo. Con una opción de compra de 30 millones de euros y un coste total por temporada estimado en 25 millones entre ficha y amortización, la directiva sopesa si el impacto mediático y deportivo del británico compensa el esfuerzo financiero. Sin embargo, la mirada de los ojeadores culés se ha desviado recientemente hacia El Sadar, donde Víctor Muñoz está deslumbrando con Osasuna. El joven de 22 años gusta mucho por su descaro y madurez, aunque su fichaje es un campo de minas administrativo.
La operación por Muñoz se complica debido a que el Real Madrid conserva el 50% de sus derechos y un derecho de tanteo que podría bloquear cualquier movimiento hacia la Ciudad Condal. Ante esta situación, el Barça mantiene abiertas otras vías como la de Jan Virgili, sobre quien conservan un porcentaje de venta tras su paso por la Masía, o el noruego Andreas Schjelderup, que ha brillado en el Benfica. La decisión final marcará la política de fichajes del club: apostar por un nombre consagrado a nivel mundial o dar la alternativa a una de las perlas con más proyección del fútbol nacional.
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