La hoja de ruta del Barcelona fía toda su estrategia a la rebelión personal del delantero en el Metropolitano.
El plan maestro del FC Barcelona para hacerse con los servicios de la gran estrella colchonera se sustenta en la presión individual que el propio protagonista pueda ejercer sobre los estamentos del club madrileño. Sabiendo que las conversaciones formales entre clubes resultan infructuosas debido al veto impuesto a los intereses barcelonistas, la cúpula deportiva culé confía en que el diálogo directo entre el jugador y su entrenador rompa el bloqueo institucional. El objetivo prioritario pasa por convencer a Simeone de que la continuidad del sudecamericano perjudica tanto el rendimiento colectivo como la armonía interna del grupo.
La postura del atacante es pétrea y rechaza cualquier alternativa que no sea recalar en el Camp Nou, descartando de forma sistemática el interés mostrado por otros transatlánticos europeos como el Arsenal o el París Saint-Germain. La resolución de este conflicto dependerá de la capacidad de desgaste que el delantero logre imprimir en su pulso particular con Miguel Ángel Gil Marín durante los próximos días. Si la vía del diálogo interno fracasa, la entidad barcelonista mantendrá abierta la vía de negociación de cara al mercado de invierno, a la espera de que la presión surta el efecto deseado.
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