El club blanco interpreta la salida del barcelona de la superliga como una moneda de cambio para congraciarse con la UEFA.
Lo que parecía una sociedad estratégica e inquebrantable ha saltado por los aires. El Real Madrid ha recibido la noticia de la retirada del Barça de la Superliga con absoluta naturalidad, entendiéndolo como un peaje que el club azulgrana debe pagar para salvar su futuro administrativo. Desde el seno del club blanco se apunta directamente al «Caso Negreira» como el motor de esta decisión, viendo en el regreso del Barça al redil de la UEFA un intento de evitar castigos severos en las competiciones continentales.
Este divorcio institucional deja al Real Madrid navegando en solitario en su pulso contra el actual sistema del fútbol europeo. Florentino Pérez, principal valedor del nuevo torneo, ve cómo su socio principal prioriza su supervivencia judicial ante los organismos reguladores. La jugada del Barcelona, encaminada a ganarse el favor de Ceferin, dinamita cualquier puente restante con la directiva merengue, que ahora observa desde la distancia cómo sus eternos rivales intentan limpiar su imagen en los despachos de Nyon.
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