Como en el Benfica o el Fenerbahçe, el portugués vuelve a asumir el control absoluto del discurso mediático del club.
La reciente comparecencia en Roma confirma el regreso del José Mourinho más genuino, aquél capaz de acaparar la atención mediática para proteger a sus futbolistas e influir en el entorno. Tras dos meses de respuestas cautas y calculadas, el preparador ha vuelto a situarse como la única voz contundente del Real Madrid, reeditando la función de escudo institucional que ya ejerció durante su primera etapa en la capital entre 2010 y 2013.
Esta política de comunicación centralizada ha sido una constante a lo largo de la carrera del preparador luso, desde sus inicios en el Benfica hasta su reciente paso por el Fenerbahçe turco. Ante la ausencia de portavoces ejecutivos que asuman el debate público, el portugués marca la agenda mediática y ocupa la atención de la prensa deportiva mediante batallas directas contra árbitros, calendarios y estamentos de la competición.
El estilo combativo de Mourinho contrasta con la moderación de antecesores en el cargo como Carlo Ancelotti, así como con los breves ciclos de Xabi Alonso y Álvaro Arbeloa. Con el duelo ante el Sevilla en el horizonte y la cita del Camp Nou a la vuelta de la esquina, la estrategia del técnico pasa por convertir cada rueda de prensa en una herramienta de cohesión interna y confrontación externa.
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