El conjunto blanco vuelve a encontrar gol en los cambios tras una temporada anterior donde el rendimiento de los suplentes fue prácticamente testimonial.
La anotación agónica de Carlos Espí en el arranque del campeonato devolvió a la memoria colectiva del madridismo la figura de Joselu y el vacío que dejó su marcha en el verano de 2024.
Durante la última campaña, el equipo sufrió una evidente falta de recursos desde la banca, figurando como uno de los conjuntos con menor rentabilidad en sus sustituciones al cosechar únicamente media docena de tantos con jugadores de refresco.
De esos escasos goles, solo el anotado por Éder Militão frente al Mallorca tuvo una incidencia real en el marcador, mientras que el resto llegó cuando el encuentro ya estaba decantado para los intereses de la institución de Chamartín.
Este déficit de aportación exterior contrasta con el panorama que encontró el eterno rival en el torneo doméstico, donde elementos como Robert Lewandowski, Raphinha o Marcus Rashford intervinieron de manera decisiva para modificar dinámicas y amarrar triunfos desde la suplencia.
Consciente de esta carencia, José Mourinho identificó la potenciación de la profundidad de plantilla como un objetivo prioritario desde su llegada al banquillo merengue. El triunfo inicial confirma que la estrategia empieza a surtir efecto, obligando a que la plantilla entienda que la competitividad se extiende más allá del once inicial planteado en cada jornada.
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