Las entradas sin vender revelan un hartazgo histórico en la hinchada blanca
Más allá de la censura a los cánticos, el Real Madrid se enfrenta a un problema de imagen preocupante: las gradas del Santiago Bernabéu no presentan el aspecto de lleno absoluto que cabría esperar en una noche de octavos de final de Champions. El duelo ante el Manchester City, tradicionalmente una cita para el cartel de sold out inmediato, sufre para completar el aforo. El descontento acumulado tras una temporada convulsa, marcada por el cambio de banquillo, las constantes lesiones y la irregularidad en los resultados, ha provocado que muchos socios decidan no pasar por caja.
El factor económico ha sido el detonante definitivo para este vacío inusual. Con localidades que superan los 300 euros en sectores clave, el aficionado medio ha dicho basta. Este escenario de desafección, unido a la amenaza de sanciones de la UEFA por el comportamiento en la grada, dibuja una antesala del partido enrarecida y tensa. El Real Madrid se juega en noventa minutos recuperar la fe de su gente y evitar un desastre institucional que podría dejar a los jugadores sin el apoyo total de su estadio en la fase decisiva de la temporada.
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