El técnico vasco admite que el Arsenal merece el golpe tras el empate ante el colista.
La inquietud se ha instalado en el Emirates Stadium después de que el Arsenal desperdiciara una renta de dos anotaciones frente al Wolverhampton, el último de la tabla. Mikel Arteta no ocultó su frustración al término del encuentro, señalando que sus futbolistas no mantuvieron el nivel de exigencia necesario para asegurar el triunfo en la Premier League. Tras acumular apenas diez de los últimos veintiún puntos en disputa, la escuadra londinense ha visto cómo su cómoda ventaja de nueve unidades se ha esfumado drásticamente. El preparador español apela ahora a la autocrítica más severa, consciente de que la irregularidad mostrada en los meses recientes está poniendo en serio peligro el sueño de coronarse campeones tras más de dos décadas de sequía liguera.
A falta de once capítulos para la conclusión, los Gunners lideran con una diferencia de cinco puntos que podría reducirse a solo dos si el Manchester City vence en su compromiso pendiente. La historia parece condenada a repetirse, evocando los fantasmas de las campañas 2022-23 y 2023-24, donde el bloque de Pep Guardiola ya fue capaz de remontar distancias considerables. Figuras históricas como Paul Merson han criticado la pasividad y lentitud del equipo en momentos clave, advirtiendo que jugar a «segunda velocidad» es una sentencia de muerte ante un rival tan implacable. El destino del título vuelve a estar en manos del City, que si logra un pleno de victorias en lo que resta de calendario, arrebatará nuevamente la gloria al conjunto del norte de Londres.
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