La dificultad de sancionar insultos sin pruebas de audio o vídeo irrefutables.
La historia reciente de las competiciones europeas ofrece lecciones importantes sobre la gestión de conflictos relacionados con el racismo en el terreno de juego. El caso de Pierre Webó y el término rumano «negru» sirve como recordatorio de que, incluso en situaciones de gran repercusión pública, la sanción solo llega si existe una prueba indubitable del agravio. En el actual conflicto entre Vinicius y Prestianni, el hecho de que el argentino ocultara sus labios con la prenda deportiva dificulta enormemente que los inspectores de ética y disciplina puedan encontrar un culpable, repitiendo posiblemente el desenlace de impunidad de años anteriores.
A pesar de que los implicados en casos similares a menudo sufren consecuencias indirectas, como la desaparición de las designaciones oficiales, el castigo administrativo requiere un sustento jurídico sólido. Mientras se busca esa evidencia esquiva, el Real Madrid mantiene su presión aportando informes, mientras que el Benfica se limita a negar los hechos amparándose en la falta de material audiovisual público. La UEFA se encuentra ante el reto de equilibrar la protección de los jugadores frente al odio racial con el principio fundamental de que nadie puede ser condenado sin que se demuestre fehacientemente su autoría.
Publicar comentario