El técnico asturiano estalla tras las críticas del Balón de Oro a sus compañeros.
El vestuario del París Saint-Germain se ha convertido en un polvorín tras la sorprendente derrota liguera frente al Rennes. Ousmane Dembélé, actual Balón de Oro y referente absoluto del plantel, no se mordió la lengua al señalar la falta de compromiso colectivo en el campo. El «Mosquito» fue tajante al declarar: «Si todos juegan para sí mismos en el campo, no va a funcionar, no vamos a ganar los títulos que queremos». Para el atacante galo, el equipo debe recuperar la mística del curso anterior, subrayando que «antepusimos el club, el escudo y el París Saint-Germain a nosotros mismos». Estas palabras han caído como una bomba en la capital francesa, evidenciando una fractura en la armonía del vestuario que Luis Enrique no ha tardado en intentar sofocar con su habitual contundencia.
La respuesta del preparador asturiano no se hizo esperar, dejando claro que no tolerará desidias ni lecciones públicas de sus subordinados. En una rueda de prensa cargada de tensión, el técnico deslegitimó las quejas de su estrella: «Esas declaraciones no valen nada. Son fruto de la frustración por el partido que acaba de terminar». Luis Enrique fue más allá al reafirmar su autoridad total sobre el grupo, sentenciando que «no permitiré que ningún jugador perjudique al club. El responsable del equipo soy yo». A pesar de este choque de egos, la directiva parisina trabaja a contrarreloj para convertir a Dembélé en su jugador franquicia hasta 2028, sabiendo que el éxito del proyecto depende de que ambas personalidades vuelvan a entenderse por el bien del club.
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